Qi Gong

 El Qi Gong es el descubrimiento que hace el hombre de la posibilidad de fundirse con la Fuerza de la Creación; de sentirse parte consustancial de toda la existencia.

Sus orígenes, como si de recuerdos pretéritos y ancestrales se tratara, se pierden en extrañas figuras o imágenes rescatadas de excavaciones, en las que se nos muestran a seres que adoptan diferentes posturas y actitudes con sus manos, con su tronco, con sus piernas… en ocasiones imitan a fenómenos naturales, en otras a comportamientos de animales, en otras a la actitud del Reino Vegetal o de quietud, en similitud al Reino Mineral. Y común a todas ellas, está la intención —que no se expresa en los gráficos— de entregarse a una labor que es consustancial al movimiento del Soplo Vital y que anima a la Vida del ser.

 Como suele ocurrir cuando todo se mira bajo una óptica racional, en este caso y puramente externa, se ha considerado el Qi Gong, como una “Gimnasia china”. Nada más alejado de la realidad que ocurre en la práctica del Qi Gong. La concepción Occidental genéricamente parte de la captación del ser desde su óptica materialista. Evidentemente hay una expresión deforma, conformada, consistente. Pero esto es tan sólo la expresión de una Fuerza, un Soplo, un Aliento, un “Algo invisible” que, en su actividad va a generar algo tangible, medible y… pensable. Todos los acontecimientos que describimos como “materiales” son, según la concepción de la Antigua Tradición Oriental, acontecimientos de la actividad del Soplo de la Existencia. El concepto íntimo —sin que por ello se agote como una definición— del Qi Gong, reside en el significado de la escritura ideográfica que, considera o que mejor sería decir, tipifica una acción, una idea, y que —en el caso que nos ocupa— se fonetiza bajo el sonido del Qi Gong.

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